Jueves, 27 Febrero, 2025

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La Web y la mente

Opinión

Gaudencio Rodríguez Juárez

El Internet, la Web, las pantallas, los dispositivos, toda una maravillosa tecnología metida en la vida cotidiana de los seres humanos, que posibilita la conexión, la creación, la resolución de múltiples problemas, que crece como la espuma, que llegó para quedarse. Sin lugar a dudas una creación humana que marca época.

Y como toda creación tiene sus implicaciones, pérdidas y efectos negativos cuando su uso no es el adecuado o pertinente. Deseo señalar algunos de ellos, no para demonizar a la tecnología, sino para prevenir riesgos y pérdidas: decaimiento de la atención, de la concentración y del pensamiento profundo.

La influencia y el impacto que tiene en el cerebro el uso e interacción con este tipo de tecnología ha sido motivo de estudio. El escritor estadounidense Nicholas Carr, escribió hace una década el libro “Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, cuya motivación surgió al percatarse que llegó a un punto donde ya no pensaba de la forma que solía pensar, lo cual quedaba en evidencia al leer, pues antes solía serle fácil sumergirse en un libro o en un artículo largo, ante el cual su mente quedaba atrapada en los recursos de la narrativa o los giros del argumento, y pasaba largas horas surcando vastas extensiones de prosa. Pero se dio cuenta que en determinado momento eso le ocurría pocas veces, ahora su concentración empezaba a disiparse después de una página o dos, perdiendo el sosiego y el hilo, empezando a pensar qué otra cosa hacer. La lectura profunda que solía venir naturalmente se convirtió en un esfuerzo.

¿Te suena familiar? A mí sí. A partir que comencé a aumentar el consumo en la Web y las múltiples redes sociales, la atención, la concentración, la memoria, recursos fundamentales para la lectura profunda, se fueron a la baja. A partir de entonces también leo menos libros durante el año.

Carr, abrevando de las investigaciones del cerebro, explica que la afluencia de mensajes en mutua competencia que recibimos cuando entramos en Internet no sólo sobrecarga nuestra memoria de trabajo, sino que hace mucho más difícil que nuestros lóbulos frontales concentren nuestra atención en una sola cosa. El proceso de consolidación de la memoria puede ni siquiera empezar.

Y es que la metralla de mensajes y estímulos no sólo llegan de la Web, sino de las múltiples aplicaciones que ofrecen los dispositivos, las computadoras. Múltiples ventanas abiertas para atender múltiples compromisos, actividades, juegos, noticias, etcétera. No existe cerebro que pueda con todo. El cerebro no es multitareas, aunque así se siga creyendo. Las multitareas sólo provocan un funcionamiento menos eficiente, lo desgastan, y pueden fundirlo.

Carr advierte que, gracias a la plasticidad de nuestras vías neuronales, cuanto más usamos la Web, más entrenamos nuestro cerebro para distraerse, para procesar la información muy rápidamente y de manera muy eficiente, pero sin atención sostenida, lo cual ayuda a explicar por qué algunas personas reportan lo difícil que les resulta concentrarse incluso cuando están lejos de sus computadoras.

Con la atención y la memoria a la baja, nuestro cerebro se ha convertido “en un experto en olvido, un inepto para el recuerdo”. Y a mayor dificultad para el almacenamiento de información en nuestra memoria biológica, mayor dependencia de la memoria artificial de la Red, con gran capacidad y fácil de buscar, pero que nos vuelve más superficiales como pensadores.

¿Has notado con qué facilidad y frecuencia aparecen expresiones del tipo: “Para qué memorizarlo si todo lo encuentras en la Red”? Es así como los dispositivos se van convirtiendo parte de nuestro ser, a tal grado de experimentar ansiedad y desnudez cuando dicho dispositivo se nos olvida, extravía o nos es robado.

El autor de “Superficiales” concluye, entre muchas otras cosas, que la Red nos está reconfigurando a su propia imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y ojear superficialmente la información, pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión. Mientras disfrutamos de las bondades de la Red, estamos sacrificando no sólo nuestra capacidad para leer a profundidad, sino para pensar a profundidad, atributo profundamente humano.

Décadas atrás, el filósofo McLuhan sugirió que los medios no son sólo canales de información. Proporcionan la materia del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensamiento. Estemos alerta. Sí, en la Web puedes tener todo, pero tú no eres la Web, tú eres lo que hay en tu mente, en tu cerebro. Que no sea la Web y las redes sociales con sus datos, información y procesos quien lo esculpa, sino la humanidad con toda su riqueza.

Psicólogo / [email protected]

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