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Por más de 60 años, don Serafín Montoya vende sus hielitos con su sabor único en Acámbaro

Serafín Montoya originario de la comunidad de San Juan Jaripeo, inició a vender hielitos para llevar el sustento a su casa 
Municipios

Lourdes Juárez

Por más de 60 años, don Serafín Montoya vende sus hielitos con su sabor único en Acámbaro Por más de 60 años, don Serafín Montoya vende sus hielitos con su sabor único en Acámbaro

Serafín Montoya Gutiérrez, un pionero en la venta de hielitos en Acámbaro, inicia su jornada diaria en 1963. Foto: Lourdes Juárez

Acámbaro, Guanajuato.- En el año de 1963, Serafín Montoya Gutiérrez, originario de la comunidad de San Juan Jaripeo, inició a vender hielitos para llevar el sustento a su casa. Todos los días tenía que ir a Acámbaro por el hielo para los raspados. Al principio, su esposa pidió permiso al director de la escuela primaria para poder vender dentro de la escuela los hielitos. Recuerda don Serafín que su señora se llevaba el hielo en una bolsa de mandado y en otra las mieles de diferentes sabores.

En una ocasión que acudió a la colonia San Isidro se encontró con que vendían un carrito todo destartalado, el cual compró y con sus propias manos fue arreglando para poder salir a más lugares a ofrecer sus hielitos artesanales, como le llama. Después de un tiempo, le ofrecieron vender cerveza en su casa para que los trabajadores le llevaran el hielo hasta su domicilio y no tener que trasladarse hasta la cabecera municipal para adquirirlo.

 La tradición de los hielitos, desde San Juan Jaripeo hasta los hogares de Acámbaro: la historia de Serafín Montoya Gutiérrez. Foto: Lourdes Juárez

“El hielo de la cerveza no sirve para los hielos, ya que tiene sal para que no se derrita tan rápido. Si lo ponía así, podría hacerle daño a la gente”. Los encargados de llevar el producto de cerveza hasta su casa le comenzaron a llevar el hielo sin sal. Al principio, tres veces por semana, después dos días a la semana, ya después solo fue un día. Los de la cerveza me habían tramitado un permiso para vender. Ellos lo pagaban año con año. En un tiempo me dejaron de traer el hielo, ya solo lo dejaban para eventos, solo hielo. Entonces, para el 2013, no nos llegaba el permiso de venta de la cerveza. La agencia arreglaba el permiso y lo pagaba. Entrado el 2014, fui a preguntar y, como no me avisaron, debía yo el pago de esos servicios. En rentas me traían vuelta y vuelta, pagué lo que se debía y clausuré el negocio”.

Para continuar con la venta de los hielitos, volvió a ir a Acámbaro por el hielo, ya en menos cantidad, debido a que ya no se vende igual que en los primeros años. Después, uno de sus hijos que trabaja en una empresa refresquera le llevaba el hielo, pero por su avanzada edad, don Serafín ya le costaba mucho trabajo subirlo al carrito. Ya tiene meses que se le ocurrió mandar hacer unos moldes más pequeños y él mismo realizar su hielo.

El negocio de vender los hielos lo inició con su esposa, Elva Rodríguez Corona, quien era la encargada de realizar las mieles, las cuales una cuñada le enseñó cómo prepararlas. Don Serafín cuenta que él solo subía las cosas al carrito y se iba a vender por todo Jaripeo. A la salida de clases, siempre estaba fuera de la escuela a la espera de los niños y la gente que le compraba sus hielos. Vendía de grosella, chicle, tamarindo, piña, guayaba, limón y vainilla. Esta última fue un reto para su esposa el aprender a preparar.

“Las mieles mi esposa las realizaba, la ilusión era hacer la miel de vainilla. Cuando tenía un centavo extra, iba y compraba la leche y el azúcar, hervía la miel, llenaba la botella siempre que la hacía. Era un llorar de mi esposa porque, así como compraba las cosas para llenar esa botella, así las tiraba porque no le quedaba, no la podía realizar, se le echaba a perder”.

 La comunidad de Acámbaro celebra a Serafín Montoya Gutiérrez, un icono local de la venta de hielitos. Foto: Lourdes Juárez

Serafín comenta que había un señor que le enseñaba a hacer la de vainilla y le cobraba 200 pesos por enseñarla a preparar la miel, cuando los raspados los vendían a 10 centavos, menciona que no alcanzaban a juntar para pagarle, si tenía una gran familia que mantener.

Tanto insistió Elva en aprender a realizar la miel de vainilla que después de varios intentos, aprendió a preparar la miel, siendo la más sencilla de elaborar. Todas las mieles son con productos naturales y herramientas tradicionales. Los raspados los daban a 10 centavos.

A sus 83 años Serafín y Elva de 82 años ya no pueden sacar su carrito a las calles de la ciudad a ofrecer sus hielitos en ocasiones ni a la puerta de su casa lo pueden mover por lo pesado que esta y la edad de ellos, aun así, la gente acude a su domicilio a comprar los famosos hielitos de Don Serafín los cuales tienen un precio de 5 y 10 pesos como cuando inicio a vender.

 

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