Jueves, 27 Febrero, 2025

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Un México que se agota

Opinión

Cecilia Durán Mena

No es lo mismo ser rico que ser pobre, esta verdad de Perogrullo es sabida e ignorada al mismo tiempo. Por un lado, en México la pobreza crece en formas multidimensionales y de acuerdo con el IMCO 43.9% de la población vive en pobreza, es decir, casi cincuenta y seis millones de personas son pobres y, por otro lado, según la revista Forbes un mexicano —Carlos Slim— ocupa el lugar número siete entre los hombres más ricos del mundo. Bien por el ingeniero. Mal por aquellos que deben de cambiar las condiciones estructurales para que esta desigualdad se vaya atenuando.

Sabemos que México es un país de contrastes. La desigualdad nos brinca en cada rincón del territorio nacional: fuera de un negocio que vende artículos exclusivos podrás encontrar a una persona pidiendo limosna; en la esquina de una colonia de lujo podrás ver a alguien que se ofrece a limpiar el parabrisas del auto; en una mansión viven los señores de la casa y las personas que trabajan para ellos; en un rancho, en una fábrica y en cualquier contexto están los de arriba y los de abajo.

Así, con estas brechas que separan a los que tienen de todo y a los que nada tienen, es muy fácil sembrar odio y permitir que germine el resentimiento. Tanto rencor cansa, tanta división duele. No se trata de mirar a la punta de la pirámide de ingresos con desprecio y con el anhelo destructor del envidioso, se trata de propiciar una situación en la que la base poblacional no sea tan pobre. Cuando los cimientos de una estructura son endebles, todo se viene abajo. Si nuestro soporte es pobre, débil y está cansado, corremos el enorme riesgo de que dé de sí, no aguante más y se caiga.

Para fortalecer la estructura, es necesario fortificar las bases. El chiste no es hacerle al Robin Hood o volver a la política de Chucho el Roto: no queremos menos ricos, queremos que haya más multimillonarios mexicanos y también es urgente que haya menos pobres. En los diez primeros lugares de la lista de millonarios de Forbes sólo hay un mexicano, quisiéramos que hubiera más. En esa lista hay siete estadounidenses, un francés —que es el más rico del mundo—, un indio y un mexicano. Sería magnífico que ese grupo se nutriera de más guanajuatenses, guerrerenses, chiapanecos, zacatecanos, chilangos: de más mexicanos. Pero, si casi la mitad de la población en el país es pobre, esa aspiración se ve difícil de lograr.

Insisto, no es lo mismo ser rico que pobre. Digo que esta verdad lacerante es sabida e ignorada al mismo tiempo porque las métricas existen y son públicas. Sea que nos refiramos a pobreza extrema, laboral o pobreza a secas, las medidas existen y debieran hacernos reflexionar para exigir políticas públicas que le den un giro a esta condición. No lo hacemos. Permitimos que los pobres sean un factor que se aprovecha en tiempos electorales. Y, todas las opciones políticas en México conocen esta situación y la usan a su favor. Pero, la gente se cansa.

Y, vamos por las calles viendo carteles de propagada de candidatos a puestos de elección popular con sonrisas artificiales, con caras en las que se trasluce la displicencia y el aburrimiento que les produce la vulgar humanidad de sus electores. Los pobres le molestan a la clase política, pero se sirven de ellos. Habría que tener cuidado. Hoy como nunca México se va agotando. La gente se cansa y los recursos de nuestro “cuerno de la abundancia” se nos están acabando.

Un recurso que se empieza a agotar es la paciencia. Es difícil aguantar discursos con las mismas promesas de siempre. Claro que, cuando hay gente que vive en pobreza alimentaria, se les prometes una torta y un refresco, acudirán para gritar vítores y loas y se les quitara el hambre por ese momento. Después, volverán a sentir ese hoyo en el estómago. Regresarán a sus casas y volverán a esa situación de tristeza, mientras los candidatos van saludando como si repartieran bendiciones, aunque cuando estén fuera del reflector los miren con prepotencia o de plano se olviden de ellos.

Así, México se agota. Así muchos aprovechan la coyuntura y van inflamando odio porque entienden que es fácil sembrar rencor. Los frutos de esa semilla no son dulces. Los resultados no son buenos. No es lo mismo ser ricos que ser pobres, queda claro. Lo que no es tan evidente es lo que van a hacer quienes pudiendo decidir a favor de los que nada tienen.  Y eso que prometieron hacerlos su prioridad. Es preciso atender, porque se les está agotando el tiempo. Queremos que haya más multimillonarios mexicanos y también es urgente que haya menos pobres.

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