Mitos de la adolescencia
La adolescencia es una etapa de grandes retos tanto para las personas adolescentes como para las personas adultas que acompañan su crecimiento. No obstante, estudiosos del tema advierten que a dicha etapa de la vida se le ha cargado de prejuicios, se le ha hecho mala prensa. Mucho tiene que ver con que “nuestro conocimiento actual de los adolescentes proviene casi exclusivamente del estudio de sujetos problemáticos o enfermos. Los adolescentes felices, como los pueblos felices, no tienen historia”, explica el sociólogo Michel Fize.
Lo anterior ha generado mitos que alientan los prejuicios hacia las personas adolescentes, mitos que terminan dificultando su educación y crianza. Y es que los pensamientos determinan los comportamientos y acciones de las personas educadoras. De ahí la importancia de contar con información fidedigna sobre esta etapa del ciclo vital. De los muchos mitos existentes, el profesor clínico de Psiquiatría Daniel Siegel desmitifica tres.
Mito 1: Las hormonas disparadas de los jóvenes hacen que estos “se vuelvan locos” o “se les vaya la cabeza”.
Realidad: Las hormonas sí aumentan durante esa fase, pero no son las hormonas las que determinan lo que pasa en la adolescencia. Ahora sabemos que lo que experimentan los adolescentes es, sobre todo, el resultado de cambios en el desarrollo del cerebro.
Mito 2: La adolescencia no es más que un periodo de inmadurez y los jóvenes sólo necesitan “madurar”.
Realidad: La idea de que la adolescencia es una fase que todos tenemos que soportar es muy restrictiva. Por el contrario, los adolescentes no tienen que limitarse a sobrevivir a la adolescencia; pueden desarrollarse gracias a este importante período de vida.
Mito 3: El crecimiento durante la adolescencia requiere pasar de la dependencia de los adultos a una total independencia de ellos.
Realidad: El cambio sano hacia la madurez se hace a través de la interdependencia –que implica seguirse beneficiando de los adultos–, no de un aislamiento total en plan “hazlo tú mismo”.
La idea de que las personas adolescentes son irrefrenables, rebeldes, indolentes y destructivos no cuanta con evidencias que sostengan el dicho. La verdad es que la mayoría de las personas adolescentes atraviesan esa época sin grandes problemas, enfrentan los riesgos propios de la vida sin enfermar física ni psicológicamente, atraviesan adversidades sin quebrarse gracias a la capacidad de resiliencia.
En otras palabras, la gente joven no es vulnerables, es el entorno –donde se encuentran los adultos que han de cuidarles y acompañarles en el proceso de crecimiento– quien los deja en situación de vulnerabilidad, sobre todo cuando abusan de ellos o cuando coartan las oportunidades de crecimiento y desarrollo.
Las características esenciales de esta etapa del ciclo vital surgen a causa de unos cambios saludables naturales en el cerebro, el cual influye en nuestra mente y en nuestras relaciones, cambios que encierran beneficios y retos para el adolescente.
De acuerdo con Siegel, dichos cambios que se dan en los primeros años de la juventud establecen durante la adolescencia cuatro cualidades en la mente: la búsqueda de novedades, la implicación social, el aumento de la intensidad emocional y la exploración creativa, las cuales afectan la forma en que los y las jóvenes buscan la gratificación en probar cosas nuevas, conectar con sus iguales de manera diferente, sentir emociones más intensas y rechazar los modos establecidos de hacer las cosas para crear nuevas formas de pensar, sentir, interactuar y tomar decisiones durante esta etapa de vida.
Efectivamente, esas cuatro cualidades de la mente adolescente tienen tanto ventajas como desventajas que llenan la vida de beneficios, pero también de riesgos. De ahí la importancia de la presencia de las personas adultas en su vida, disponibles y dispuestos a acompañarles en este importante tránsito hacia la autonomía. No los abandonemos.